Duerme tranquila en la faz de la prolongada noche,
porque quizás mañana no sea como hoy,
sean día y noche distintos en el saber de tu vida.
Duerme serena Belén en el preludio al nuevo día,
para que le sonrías con tu nube blanca jaspeada de lirio,
para que alegres nuestros corazones silentes o ausentes,
que gozan con los ojos con que miras la irrupción del alba.
Hasta mañana, tierna rosa de mi jardín,
duerme tranquila y serena,
porque mañana todo bien te espera
y serás tú quien elija la intensidad del día.
Cierra sin brevedad tus ojitos cansados de interminable juego,
que se cierren solitos, al compás natural del sueño.
Y en la faz de esta prolongada noche,
recuerda que quizás la marea te sorprenda,
pero tú, no cedas al oscuro miedo.
Mañana, tú le cantarás a tu niño
la canción de cuna predilecta y
junto a él, soñarás de nuevo.
No te pierdas esos momentos.
Hasta mañana Belén,
la luna se impacienta y no espera.
Un día al despertar ya no estaré,
habré cerrado mis ojos junto con tus sueños.
Tú, mientras tanto, sonríele a la mañana;
siempre, con tu nube blanca jaspeada de lirio.
jueves, 11 de abril de 2019
viernes, 5 de abril de 2019
CUENTO A VECES EL OLVIDO
Ya no se acuerda con lucidez de su niñez, de sus amigos cercanos, de los dos viajes a Europa –uno a Italia y el otro a España–, ni de los consejos de Mamá Josefina, ni los nombres de los personajes del Quijote. Ha borrado de la mente casi todas las clases magistrales de literatura dictadas con pasión en la Universidad Nacional de San Agustín y en la Mayor de San Marcos. Contabiliza el tiempo de un modo peculiar; el alba y el ocaso son las claves para entender dos tiempos del mismo día, y en las noches sabe con certeza que despertará, lo que no sabe es si algún recuerdo podrá navegar en su mente sabia.
Ha olvidado “La lotería de Babilonia” sin dejar de admirar la pluma de Borges; ha olvidado al Consejero de “La guerra del fin del mundo” sin eludir la crítica a Vargas Llosa. Ya no se acuerda de los principios liberales de “La riqueza de las naciones”; sin embargo, su mente reconoce a Pitágoras como creador de la Economía y no a Adam Smith. Permanece en él el concepto central del indigenismo y sabe que existe diferencia con la postura indigenista. Puede ver una foto de Arguedas y, detrás de ella, puede imaginarse algún paisaje andino o reconocer el sonido de un zumbayllu. Es que el olvido parece ser que tiene en sí una sinrazón, donde el concepto y la experiencia permanecen, mas no los detalles o circunstancias precisas.
César Díaz es el nombre que por momentos ha dejado de pronunciar, el olvido es una constante en su vida. Tiene aún cientos de lectores, a los cuales apasiona su poesía y su buena crítica de la realidad del país, plasmada en varios artículos y en un ensayo llamado “Perú: Realidad y futuro”.
Cada día transcurre entre un desayuno ligero, un abrazo de su esposa, una llamada de su hija Sofía –que muchas veces es breve–, porque César percibe la tristeza de ella, cuando lo escucha tartamudear para recordar.
Los martes por la tarde lo visita Julio Aréstegui, un alumno suyo de la San Agustín. César en sus ochenta y dos años y Julio en sus cuarenta. Ambos entablan un diálogo, entre café americano y unos pocos cigarrillos. Uno de esos tantos diálogos…
–Don César, ¿cree usted que debe uno tenerle miedo al olvido?
– No. Nadie es un Funes Memorioso. Prefiero tenerle miedo al miedo, eso es menos controlable. Simplemente se vive con lo que uno tiene en su mente.
Díaz se pregunta:¿cómo llenar el olvido? Le es lógico que en la mente se produce un vacío y ante las interrogantes familiares hace un esfuerzo por recordar. Cuando no hay éxito en tal intento, la angustia y la ansiedad lo atormentan. Desea recordar las primeras travesuras y complicidades con su hermano Augusto, pero se queda con una emoción en el alma y la tristeza que genera el olvido. Anhela recordar los primeros pasos de la pequeña Sofía para reírse por momentos, pero se queda con la emoción paternal y una lágrima que irónicamente lo apacigua. Desea recordar el patio del colegio, los almuerzos dominicales con picante arequipeño, los abrazos con su madre… Desea evocar tantos momentos porque César Díaz es poeta y los poetas desean muchas cosas en el alma, son persistentes, su voluntad espiritual es mayor que la del hombre que es víctima de la rutina y del tiempo que le toca vivir.
Conocí a César Díaz una tarde que no he olvidado, hace cinco años atrás. Hoy, tengo en mi mente sucesos cortos que he empezado a olvidar.
miércoles, 27 de marzo de 2019
POEMA SI EL MUNDO FUERA DE LOS NIÑOS
Si el mundo fuera de los niños,
no hubiesen habido dos guerras,
porque se hubieran construido más castillos de arena.
Habrían mucho menos banderas y fronteras,
se escucharían más risas que malas noticias
y la palabra feliz, sería desde luego más común.
Si el mundo fuese así,
la muerte sería menos entendible;
pero seguro, habrían más rosas en los panteones.
Las cosas se comprarían con intercambios y gracias
y el dinero no sería imprescindible,
por lo que la pobreza llanamente dejaría de existir.
Si el mundo fuera de los niños,
mi alma no reflejaría sus treinta y siete años,
que ya lleva consigo.
Yo tendría seis u ocho años nuevamente,
hubiera cumplido más promesas
y terminado de contar todas las estrellas del cielo.
La palabra perdón sería término frecuente de mi vocabulario.
Hubiera conocido con anticipación la pureza y la inocencia,
hubiera también caminado en mayor cantidad de parques
y tendría infinidad de versos escritos.
Comería más chocolates por las tardes
y endulzaría más mi vida con besos de amor.
El mundo no conocería la luna,
pero sí en Navidad a un Niño Jesús.
En verdad, el mundo si es de aquellos que fueron niños,
muchos dejando atrás una historia de infancia feliz.
Ahora, anhelo en demasía las tardes,
para seguir endulzando mi vida con besos de amor.
no hubiesen habido dos guerras,
porque se hubieran construido más castillos de arena.
Habrían mucho menos banderas y fronteras,
se escucharían más risas que malas noticias
y la palabra feliz, sería desde luego más común.
Si el mundo fuese así,
la muerte sería menos entendible;
pero seguro, habrían más rosas en los panteones.
Las cosas se comprarían con intercambios y gracias
y el dinero no sería imprescindible,
por lo que la pobreza llanamente dejaría de existir.
Si el mundo fuera de los niños,
mi alma no reflejaría sus treinta y siete años,
que ya lleva consigo.
Yo tendría seis u ocho años nuevamente,
hubiera cumplido más promesas
y terminado de contar todas las estrellas del cielo.
La palabra perdón sería término frecuente de mi vocabulario.
Hubiera conocido con anticipación la pureza y la inocencia,
hubiera también caminado en mayor cantidad de parques
y tendría infinidad de versos escritos.
Comería más chocolates por las tardes
y endulzaría más mi vida con besos de amor.
El mundo no conocería la luna,
pero sí en Navidad a un Niño Jesús.
En verdad, el mundo si es de aquellos que fueron niños,
muchos dejando atrás una historia de infancia feliz.
Ahora, anhelo en demasía las tardes,
para seguir endulzando mi vida con besos de amor.
miércoles, 20 de marzo de 2019
EL AMOR A LOS LIBROS
No
recuerdo exactamente el primer libro que leí, pero la aventura empezó cuando
escuchaba a mis padres hablar de los libros que leían. Desde infante, tuve
interés en leer y conocer un poco más el mundo. Intuyo que, hoy existe mayor
interés y amor a los libros que hace
unos años atrás, esto debido a las diversas Ferias de Libros que se
organizan. El mundo digital, permite tener acceso a libros
clásicos y contemporáneos. Personalmente, me he acostumbrado a leer libros
virtuales con los años. La experiencia de leer, no depende del medio, sino de
la esencia que se encuentra en la lectura. Los libros nos animan a vivir, a
imaginar, nos disipan de la tristeza y nos reconfortan en la alegría.
Mis
autores predilectos son Borges, por ser un creador casi perfecto de la ficción.
Su literatura argumenta la causalidad y todo lo leído lo plasma en versos y
prosa que enriquecen el buen oficio de escribir. Yo no comparto con el célebre
autor gaucho, su posible postura agnóstica, y digo posible porque su obra tiene
como esencia el infinito y el universo, como se aprecia en El Libro de Arena y en La
Biblioteca de Babel. Su mejor libro- a mi modesto aparecer- es El Aleph, un punto desde el cual se
ven todas las partes del universo. Admiro a Vallejo; por ser un creador de una
nueva forma de hacer literatura con su aire metafísico, su creativa estética y el uso de neologismos, unidos a un escritor que
forjó en su alma lo que le sucede a Dios y al hombre. Sus mejores libros me
parece que son: Los Heraldos Negros, Trilce y Poemas Humanos.
Leo
a Aristóteles, por su visión anticipada de la existencia de Dios; a Neruda,
porque tiene muchos versos de amor escritos metafóricamente; admiro a Einstein,
por su sabiduría y por la argumentación acertada del futuro de la tecnología en
la humanidad. Necesito leer a Gabriela Mistral por su ternura; a Amado Nervo, por
la huella continua de la divinidad entre sus egregios versos; al genial
apologético Gilbert K. Chesterton por su capacidad para argumentar y a nuestros
Víctor Andrés Belaúnde como Bustamante y Rivero, por su pensamiento acertado
sobre la realidad de nuestro país. También
he leído a autores distintos a mis
pensamientos. El existencialismo sartriano tiene una parte humana muy peculiar,
que valora el momento de vivir cada día; donde
la nada sí existe, porque al negarla no podría afirmar que el universo
existe. La nada es opuesta al universo. Marx se identificó inicialmente con la
injusticia a los obreros, pero como sostendría George Orwell, terminó siendo una
utopía. Y así podría citar a Camus, Heideguer, Vargas Losa, Mariátegui, …, quienes en sus ideas opuestas
hacen repensar las mías.
El
lector va teniendo una amistad con el escritor.
Eso es lo hermoso de los libros, porque al inicio hay dos personas que no se
conocen. En el transcurso de la lectura, el lector se identifica con uno o más
personajes, los hace propios y desea saber el desenlace. El final del libro
puede tener incógnitas para el lector. Yo no cierro los mejores libros, porque
no existiría sin ellos. Así es mi amor a los libros, que han hecho de mí un
bisoño escritor.
viernes, 15 de marzo de 2019
POEMA ROSA DE BELEN
Una rosa quiere dejarme el invierno para mi jardín.
yo se la pedí, le rogué que fuera eterna niña
y una noche de ansiadas estrellas,
bajo inconfundible mirada divina,
el regalo de inmenso amor se concedió.
Vino despierta, entre llanto y alegría,
me despertó al fulgor de la vida.
vino vestidita de cielo,
a tomar mi corazón de su guarida.
Era mi milagro de invierno,
la rosa que llegaba presagiando toda algarabía,
revestida de encanto,
llena de alma mía.
Y se unía a mi vida, otra vez mi vida
Sus ojitos, torrente de inocencia,
descubrían la semilla del padre.
La niña esperada,
llegaba con esperanza cantada.
Del pesebre tierno,
mi rosa de Belén,
la estrella que en la víspera llevará corazones
de regreso al edén.
yo se la pedí, le rogué que fuera eterna niña
y una noche de ansiadas estrellas,
bajo inconfundible mirada divina,
el regalo de inmenso amor se concedió.
Vino despierta, entre llanto y alegría,
me despertó al fulgor de la vida.
vino vestidita de cielo,
a tomar mi corazón de su guarida.
Era mi milagro de invierno,
la rosa que llegaba presagiando toda algarabía,
revestida de encanto,
llena de alma mía.
Y se unía a mi vida, otra vez mi vida
Sus ojitos, torrente de inocencia,
descubrían la semilla del padre.
La niña esperada,
llegaba con esperanza cantada.
Del pesebre tierno,
mi rosa de Belén,
la estrella que en la víspera llevará corazones
de regreso al edén.
miércoles, 6 de marzo de 2019
POEMA Y LLEGO LA POESIA
No sé si llegó temprano
o si llegó a destiempo,
no sé si llegó en otoño
o se revistió de encanto en invierno.
No sé si fue fugaz
o si fue lenta,
no sé si pidió permiso
o entró violenta.
No sé si es de ahora
o de antes,
no sé si está quieta
o permanece errante.
No sé si canta
o si baila,
no sé si llora
o solamente calla.
No sé si es alegre
o si es triste,
no sé si está sola
o a mí quiere unirse.
Creo que sueña,
y luego piensa,
me parece frágil cuando se ausenta,
se le escucha cuando habla.
Y llegó la poesía,
endiosada en laureles de letras,
me llamó y estaba durmiendo,
yo la sentía cerca.
Y sé que de improviso
arribó a mi puerto la bella poesía.
o si llegó a destiempo,
no sé si llegó en otoño
o se revistió de encanto en invierno.
No sé si fue fugaz
o si fue lenta,
no sé si pidió permiso
o entró violenta.
No sé si es de ahora
o de antes,
no sé si está quieta
o permanece errante.
No sé si canta
o si baila,
no sé si llora
o solamente calla.
No sé si es alegre
o si es triste,
no sé si está sola
o a mí quiere unirse.
Creo que sueña,
y luego piensa,
me parece frágil cuando se ausenta,
se le escucha cuando habla.
Y llegó la poesía,
endiosada en laureles de letras,
me llamó y estaba durmiendo,
yo la sentía cerca.
Y sé que de improviso
arribó a mi puerto la bella poesía.
viernes, 1 de marzo de 2019
POEMA SOFIA
A mi pequeña hija Belén
Yo
anhelaba tener dos niñas alegrías.
La
segunda tendría de nombre, Sofía.
El
tiempo no lo permitió.
Pero
para mí:
Belén
es siempre Sofía
y
Sofía es siempre Belén.
Sofía
tiene la alegría de la mañana, Belén también.
Belén
tiene una imaginación que anima, Sofía también.
Sofía
es todo saber,
Belén
es la casa del pan.
Sofía
hubiese nacido un día de otoño,
como
aquella inolvidable noche en que nació Belén.
Ella
tiene entre sus ilusiones de niña,
de
tener como hermana a Sofía.
Antes
de conciliar mi sueño, suelo decir:
Hasta
mañana Sofía, Hasta mañana Belén.
Sofía
es un ángel soñado,
Belén
ya no es tan niña como ayer.
Aunque
mis años transcurran con las noches
y no creo que llegue a conocer la vejez. Para
mí:
Belén
es siempre Sofía
y
Sofía es siempre Belén.
Antes
de conciliar mi sueño, suelo decir:
Hasta
mañana Sofía, Hasta mañana Belén.
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